Por las ramadas

por Oreste Plath

Volantines con los colores nacionales, estrellas de cinco picos y formas en que la creatividad se muestra desatada. Ramadas, enramadas adornadas con faroles, guías y banderolas de papel. Música de vihuela y una cantadora muy bien salpicada. En algunas se baila la cueca larga o corta, marinera o chilota, que siempre pone alegría en los talones. Huele a empanada, a pescado frito que se sirve con agregados, o fierritos, los anticuchos, que no son peruanos, sino turcos. Corre el vino litreado, chicha contenida en pipas y bebida con manguera. Algunos santifican la fiesta con vino Santa Rita, Santa Elena, Santa Catalina, Santa Emiliana, Santa Carolina, Santa Rosa, Santa Digna, que recientemente ha entrado al santoral, y siguen los santos: San Pedro y Don Bosco, por lo que los bebedores se exceden creyendo tener santos en la corte celestial.

Se confunden los cartereros de asombrosa agilidad y los cartereados que no salen de su impresión, como el niño al cual se le revienta el globo. Busconas sobre los ojos buscones de los hombres, se entreveran con el hacedor de pompas de jabón que reparte burbujas de color, con el vendedor de algodón de azúcar que aroma el paso de los transeúntes que vinieron a mirar "como están las fiestas este año.

Las parejas pasan; a una, el enamorado le lleva ceñido el talle y caminando se besan y se respiran el aliento.

Por acá, ebrios exaltados arman "rosca", encanallan la fiesta. Se comenta: "Están con la sopaipilla pasada, "cocidos". Simplemente, están "endieciochados". Total: un chinchón en la frente y el pómulo morado hasta el borde del párpado y el "ojo en tinta".

Así termina el 18, 19 y 21, en los que se celebró el nacimiento de la nacionalidad.

Los dueños de las ramadas desraman estos salones de la democracia y celebran la "tapadura de hoyos".

Y no faltan los de facha de limón estrujado que se pasean entre los restos de la fiesta, buscando algún mendrugo, con la languidez del hombre que se parece a un deseo de morir.

 

 

 Diario La Estrella, Valparaíso , Chile, viernes 26 de septiembre de 1986 p. 4