EL CONTAGIO DE LA LOCURA
Por Ramón Díaz Eterovic

En los dos últimos años y después de un silencio editorial bastante prolongado, Juan Mihovilovich (Punta Arenas, 1951) regresó a la arena literaria con dos libros que confirman el valor de su narrativa desde que se diera a conocer, a mediados de los años ochenta, con la publicación de La última condena, novela que en su momento mereció el Premio Pedro de Oña, concedido por la Municipalidad de Ñuñoa. El primero de sus dos últimos libros es el conjunto de cuentos Restos mortales, y recientemente publicó su novela El contagio de la locura en la que reitera el tratamiento de dos temas recurrentes en su narrativa: el espacio de la provincia y la personalidad, compleja e inquietante, de personajes mínimos. Estos dos títulos se suman a obras anteriores, como El clasificador, El ventanal de la desolación y Sus desnudos pies sobre la nieve, novela que el año 2005 fue traducida y publicada en Croacia.

La trama de El contagio de la locura está centrada en la figura de un juez que vive en Curepto, pueblo del sur de Chile donde ejerce su oficio en un ambiente de aparente monotonía. Una mañana, cuando está a punto de dictar una sentencia, el juez descubre, con no poco estupor, que el acusado que piensa condenar es un colibrí que lo mira con cierta indiferencia y no tarda en elevar vuelo y escapar por los ventanales del tribunal. A partir de esa anécdota, Juan Mihovilovich narra tres días en la vida del juez. Tres días en los que el juez se mueve sobre la frágil línea que separa las situaciones habitualmente consideradas como cuerdas de otras que caen en el delirio que precede a la locura total. Una suerte de itinerario interior que gira entre lo real y lo fantástico, que cambia el curso de su vida y hacen aflorar en él sentimientos que consideraba inexistentes o contenidos la rigurosidad de su envestidura.

Para contar esta historia, Juan Mihovilovich recurre a un estilo en el que mezcla distintas voces narrativas, y que estructura en capítulos, concentrados y precisos, que en algunos casos bien podrían funcionar como cuentos independientes. Al igual como acontece en otras de sus novelas, Mihovilovich muestra su destreza en la recreación de atmósferas pueblerinas en las que parece no acontecer nada relevante, pero que en el transcurso del relato y de las observaciones, se nos muestra como un medio cargado de tensiones, de cosas no dichas, de pasiones que guían los actos de los apacibles lugareños. En el tiempo que recrea la narración, el juez, un ser solitario que vive en compañía de sus perros, realiza un errático recorrido por el pueblo, enfrentándose con personajes que los llevan a cuestionar su labor y que al mismo tiempo reflejan los dramas personales que se desarrollan en el pueblo. Nada parece ser cómo él estima y hasta los seres más marginales del pueblo se cruzan en su camino para darle a entender que la realidad puede ser vista de distintas maneras.

Mihovilovich acierta en la descripción psicológica de cada uno de sus personajes y conduce hábilmente al lector por los vericuetos de la compleja personalidad del juez, por sus constantes dudas acerca de la real cordura de sus pasos y de quienes se mueven a su alrededor. Las reflexiones del juez se abren hacia el cuestionamiento del sentido de la justicia y de la labor de un hombre, tan igual a otros, que un día debe juzgar a sus iguales, variando el curso de sus vidas. Este proceso hace entrar al juez en un terreno de incertidumbres del que le resulta imposible escapar y pone en duda sus pasos futuros.

El contagio de la locura es una novela plena de acertadas observaciones, de detalles que dan vida al ambiente que se presenta y que da una muestra más del talento de un escritor que, libro tras libro, ha sabido profundizar en un sello propio y en búsquedas bastante singulares en el contexto de la narrativa chilena de las últimas décadas.

El contagio de la locura
Juan Mihovilovich
Editorial LOM, 2006.
230 páginas.