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EL EGO Y SUS ARMAS

El miedo entonces ha sido una de las armas de nuestro que­rido ego. Con ella nos ha
manejado.
El ego quiere dominarnos y así como quiere do­minar nuestro interior, también quiere
dominar nuestro entorno.
El ego critica, tiene envidia, tiene resentimientos, no olvida, no perdona, quiere
dominar, quiere posesiones, quiere lucirse, ser el mejor.

La crítica es una expresión muy común de tu ego. A través de ella se siente mejor,
se enaltece. Poner en ridículo a otra persona es la mejor forma que tiene el ego de
elevarse y sentirse orgulloso, porque tiene miedo de ser inferior, de sentirse
me­nos­preciado.Y eres tú el responsable de alimentarlo y forti­ficarlo. Le has dado rienda suelta a
este ser que fue creado por ti mismo. Por lo tanto, eres tú el encargado de
controlarlo y desterrarlo, si es que así quieres.Pero un momento, no piensen que el ego es ajeno a ti. El ego eres tú. Es parte de tu creación humana y eres tú el único que puede dominarlo y finalmente eliminarlo.

Tú eres el único responsable del actuar de tu ego, de tu yo inferior.

Tienes la opción de elegir qué hacer, qué decir, qué pensar, qué ver, qué sentir. A
eso le lla­mamos: Libre Albedrío. Eres dueño de tus actos y como tal no puedes
culpar a nadie por ellos. Siempre puedes justificarte, pero en el fondo eres el
dueño de tu vida.

Dejarte dominar es dejar que el ego (yo inferior) domine tu vida. Pasarás a ser su
títere, su juguete y hará contigo lo que quiera.

La ira, la envidia, la soberbia, la intolerancia, el miedo, etc., son las otras
armas que tiene el ego para dominarte y si caes en esos estados, es porque te estás
dejando dominar.

Imagínense que estás en el banco, en una fila muy larga. Estás apurado pues tienes
una reunión, pero debes hacer el depósito ese día. No puedes apurar la fila pues hay
mucha gente delante de ti, y estás estresado, angustiado, nervioso, enfadado, tu
estómago está apretado. En ese momento es tu ego el que está tomando el control de
tu cuerpo, de tus pensamientos y sentimientos.

Ahora, en un momento de lucidez, te das cuenta de que no puedes hacer nada por
apurar la fila, que estás tenso, tu presión alta, tu entrecejo está arrugado y estás
enojado.

Tienes dos alternativas. Entregarle el control a tu ego y seguir enfadado, con todos
los síntomas que te describía antes, o relajarte y quedarte tran­quilo esperando. Si
optas por esto último podrás disfru­tar unos minutos de tu vida para pensar, llamar
a algún amigo, rezar, mirar al alrededor o simplemente para Ser.