Para tener en cuenta
             
            A Gloria Vásquez 
             
            Del brazo de las horas, aficionadas a mi 
con pesadilla y mundo, juramentadas en signar 
el rostro de mis hijos y el de los hijos 
de sus temores, voy. No saben conciliarse 
antiguos hábitos de sueño confiado 
con un pronóstico de madrugada feliz, 
algo más convencido que cuando se está 
muy triste o el desamparo cunde 
como una palabra olvidada 
en la punta de la lengua. 
             
            Inaudita locura de los sueños. 
No cesan las facuces del abismo. 
Parecen expirar los pechos habituales, 
sus compañías que miran directamente al rostro 
y se hiela todo menos la sangre del yo siento,
del te espero, del vamos caminando. 
             
            Si alguien preguntare 
y yo estuviere muerto, 
que se tenga esto en cuenta.

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